Ya estoy hasta la madre de esta pinche vieja; no deja de reclamarme lo del dinero y estoy a punto de mandar todo a la chingada. Tuve que ir a Guadalajara a entregar esos paquetes y aun así sigue creyendo que no hago nada. De la que hablo es de mi tía, y menciono el viaje por que fue todo un pedo. Desde aquí de Tuxtla son como…ya ni conté las horas. Iba en un camión como del año 1980, cuando parecía que los hacían sin pensar un poco en la gente: poco espacio entre asientos, un respaldo poco ergonómico, unos descansa brazos tan delgados y duros que lastiman cualquier parte de tu brazo si llegas a colocarlo ahí, un sistema de ventilación poco ortodoxo, pequeñas ventanitas difíciles de abrir que permiten la entrada de una mínima racha de aire fresco para compensar el calor de adentro. Todo el viaje fue horrible, además esa ciudad es horrible también. Me fui en un autobús barato por que mi padrino me dijo que no podía pagar más, que si quería que me pagara por ir, tendría que ser bajo esas condiciones: un viaje muy austero. Eran unos papeles muy importantes, según él, y quería que fueran entregados en persona. Acepté por que necesito el dinero. Todo el camino fui pensando que llegaría, y después de entregar esos mentados documentos, caminaría por el centro de la ciudad, tal vez, conociéndola y “turisteando”, quemaría mi tiempo libre y comería en alguna fondita casera. Todo lo contrario. Al llegar, abordé un taxi y le pedí al taxista, estregándole el pedacito de papel, que me llevara a la dirección ahí apuntada - ¡Ah! Está re fácil joven, es una avenida bien grande, está medio lejos, pero no hay pierde, “orita” llegamos en chinga”- Se me hizo amable y me alegré por encontrar alguien así, me hizo platica con temas tan variados y comunes como las mujeres, los coches, el clima y hasta del presidente hablamos. Era un gordito buena onda con su bigotazo típico de mariachi de Jalisco, una voz muy ronca de esas que parece que siempre tiene una flema atorada y traía una gorra del PAN. Yo solo veía cómo recorríamos y recorríamos esa avenida grande que había dicho; observé todos los comercios, casas y edificios del camino por simple curiosidad y leía cuanto letrero, anuncio, grafitti o manta se me cruzaba. –Ya estuvo joven, es ahí junto a este edificio, pero no me puedo estacionar- Se estiró para abrirme la puertezuela y me dijo: - es ahí lo que marca el taxímetro- ¡¿135 pesos?! No lo podía creer, esto me limitaba mucho mas mi poco presupuesto –Oiga, y ¿por qué tanto?- Pregunté. –Pues miré, ahí está el taxímetro, es lo que le debo de cobrar, y no es que lo corra, pero apúrese por que aquí no me puedo parar y allá atrás hay un tránsito- Con mucho dolor me baje y le pague los 135 pesos correspondientes. Pensé que la verdad si habíamos recorrido buena parte de la ciudad y sobre todo de esa avenida grande donde ahora me encontraba. Un señor un poco más regordete que el taxista, estaba sentado en una silla de plástico con su Coca en la mano y observó como el taxista me bajaba del auto y arrancaba rápidamente. Tratando de ver dónde podía ser el lugar al que iba, me encontraba confuso y curioso, el señor regordete que seguía sentado y observándome me gritó - ¿Qué buscas?- Me acerque con el sol de frente y le mostré el pequeño papel con la dirección. Soltó una risa entre burlona y discreta. -“Nombre” te acaban de chamaquear, te dejó bien lejos el taxista, a donde vas es sobre esta calle, pero mucho más pa’ allá, namas hizo correr el taxímetro, jajaja- dijo en tono, ahora sí, burlón. Le quité el papel casi arrebatándoselo y empecé a caminar. Ya no sabía a quién creerle así que pregunte unas cuadras más adelante, y me confirmaron la información dada por aquel guardia panzón que tomaba Coca. Y acepté la triste realidad. Mi presupuesto no alcanzaba para otro taxi y tuve que caminar; de verdad fue ¡un chingo! Llegue al destino después de mucho preguntar y no tuve tiempo de comer y mucho menos de “turistear”…al menos caminé. Comí un sándwich de los que deben servir en los reclusorios pero comprado en la terminal de autobuses. Regresé solo a que mi tía Rosa siguiera gritándome que me ponga a trabajar…
"Autor":
Iván López del Angel
Tuxtla Gtz., Chiapas
Desempleado
29 años
martes, 11 de noviembre de 2008
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